martes, 20 de mayo de 2008

Sistemas Educativos

La sesión del 12 de mayo lo dedicamos a explorar-investigar sobre las experiencias de los presentes en torno a los sistemas educativos español y brasileño. Fue una sesión ampliamente interesante en la que poco a poco fuimos desgranando a partir de preguntas "socráticas" lo que caracterizaba a cada uno de los dos sistemas, especialmente el brasileño. Hablamos de antecedentes y también y sobre todo, de realidad actual.

De ahí derivamos un gráfico de interrelación, una espiral que nos permitió diferenciar y hasta ubicar a cada uno de los sistemas en cada caso. Esa espiral "nacía" en la formación de contenidos y la calidad de esa formación, se desarrollaba en actividades básicas como leer, ordenar, comprender, y derivaba en otro polo, situado en el oeste, que denominamos "educar", en el sentido de las formas, de las actitudes y comportamientos, de lo que se aprende sin estudiar, de lo que se aprende del ejemplo o de la imitación, aunque también puede ser planificado y expresado. Así tendríamos dos mundos complementarios, pero en cierto modo opuestos si los énfasis se ponen en los contenidos o en las formas. Por ejemplo, el modelo español es más de formar que de educar. Y el brasileño tiene su énfasis en este último término.

Desde el educar se puede circular nuevamente hacia los contenidos, por medio de la imaginación, de la escritura, de la creatividad, de la innovación, con lo que el mundo de los contenidos se renueva y se entiende mejor.

Toda esta espiral circula, se nutre y a la vez se capacita a partir del gran objetivo o repositorio de cualquier formación que no es tanto formarse como "motivarse para aprender". Si el efecto de esa motivación es alta, el ciudadano, el alumno desarrolla más fácilmente y de manera más autónoma sus capacidades y habilidades; mientras que si la motivación se ha mantenido en niveles bajos, el ciudadano será más dependiente, menos libre y con menos posibilidades de renovarse y de actualizarse continuamente.

La idea de aprender está en el fondo, la idea es de renovación. No sólo aprendemos lo nuevo, sino que nos renovamos, nos rehacemos una y mil veces, y vamos incorporando conocimiento y experiencias a nuestra propia actividad de forma que aprender es como vivir, y el estímulo inicial es aprender para vivir. Y se vive mejor: a) si uno desarrolla e imita formas de libertad individual que respetan al otro; b) si aprende a ver que existe el otro, y que "es quién nos salva", como dice Sábato; y c) por supuesto, aprendiendo y practicando metodologías y técnicas que nos permitan el autodesarrollo y la cooperación, de alguna forma horizontes finales del aprender.



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